Apenas unas horas de vida y la flamante Interministerial creada por Scioli como presunto control de la tortura cometida por agentes policiales y penitenciarios ya tuvo su bautismo de fuego, su primer caso: una denuncia por torturas cometidas por bonaerenses de la seccional 1ª de La Plata, en un patrullero, contra un adolescente de 17 años que detuvieron el 5 de enero. En aquel momento, el chico fue locuaz: dio detalles de cómo lo golpearon. Pero no dijo todo. Recién a mediados de septiembre, el defensor oficial juvenil Julián Axat, que lo asiste, se enteró del resto. Martín, que no es Martín, tampoco habla, desde aquella intervención policial fue perdiendo las palabras. Unos días después de la detención le llegó a contar a su padre lo que no volvió a repetir: aquella tarde en el patrullero le habían colocado el caño de una pistola en la boca y simularon que disparaban.

El jueves 5 de enero, Martín y un amigo salieron a caminar por La Plata, y en un momento pisaron el palito, querían dinero, vieron la oportunidad y, por primera vez, robaron un negocio con una punta. El robo fue escaso en billetes y en tiempo. Los persiguieron y los detuvieron a las pocas cuadras. A cada uno lo subieron a un patrullero diferente. Y los golpearon. Al menos es lo que se supo cuando los devolvieron. Martín, que no es Martín y tampoco habla, en aquel momento dijo locuazmente que lo habían golpeado en el patrullero y en la comisaría lo hicieron ver cómo golpeaban a su amigo.

“Hasta esa detención, mi hijo era una persona normal, estudiaba, se expresaba y desempeñaba en forma natural y normal”, declaró el padre en la fiscalía de Virginia Bravo, la 7 platense, donde presentó la denuncia. “Estudiaba en la escuela (…). También jugaba al fútbol (…) con los compañeros del colegio”, agregó, siempre con el verbo en tiempo pasado. El padre relató que comenzó a detectar conductas extrañas; que su hijo se quería escapar; que se ponía agresivo; “se coloca y se saca la ropa a cada rato”; se reía solo; gritaba; tenía ataques de miedo. Y Martín dejó de hablar.

Esa conducta comenzó a aparecer enseguida después de la detención, y paulatinamente se fue desarrollando. Pocos días después de la entrada en la comisaría, Martín le contó a su padre algo que no había revelado antes. “Que los policías en el momento en que era trasladado dentro del patrullero le colocaron el arma dentro de la boca, y en la cabeza, y le simularon un fusilamiento. Que esta secuencia con el arma en la boca era acompañada de la amenaza de que lo iban a matar, además de pretenderlo involucrar en otras causas. Cuando llegaron a la seccional, lo colocaron delante de su compañero de causa, para que observase cómo a éste le pegaban en el rostro entre los policías.”

Axat, que tomó el caso del chico desde que lo detuvieron, inició una denuncia por torturas en enero, expediente IPP 681/12 en la fiscalía de Bravo, que no tuvo avance hasta octubre. Testigo del reciente mutismo es la propia fiscal, que en aquel momento tomó una extensa declaración al joven, quien relató cómo fue golpeado pero no avanzó en otros detalles.

La IPP 424-12, ante la Fiscalía del Joven, que investiga el “robo en poblado y en banda”, avanzó más rápidamente que la denuncia de torturas. A mediados de septiembre, en oportunidad de una de las audiencias por el juicio abreviado que se le sigue a Martín, el padre del chico se le acercó a Axat para decirle: “Doctor, mi hijo ya no habla” y le explicó lo que su hijo le había relatado al inicio y que ahora empezaba a entender en toda su dimensión.

Axat pidió un peritaje psicológico y psiquiátrico que determinó el impacto que había producido la detención en el chico. “Lo cierto es que el joven, con fecha 5 de enero era una persona locuaz –sostuvo Axat en su escrito por el juicio abreviado–, con capacidad de inteligir lo que le ocurría, defenderse, tener registro del otro; y en este momento es una persona que no tiene expresión.”

Pidió que se aplicara la figura de la Pena Natural por el “suplicio psíquico” al que fue sometido, que representa un castigo mucho mayor al que se le impondría, y agregó que el objetivo “en los procesos penales a niños y adolescentes es la reinserción y la responsabilización (…). Mal puede responsabilizarse un adolescente que padece a esta altura su situación procesal, además de que no la comprende”.

Por otro lado, amplió la denuncia en la investigación sedentaria por torturas ante Virgina Bravo. Y ayer hizo extensión de la denuncia ante el subsecretario de Seguridad, César Albarracín, representante del ministro Casal en la Interministerial que Scioli creó para combatir la tortura. La presentación de Axat demostrará si la Interministerial es útil para obtener el libro de guardia de la 1ª, pedido reiteradas veces sin eco a la fiscalía, si logra que Asuntos Internos investigue lo denunciado y que la tortura a la que sometieron a Martín los dependientes del Ministerio de Seguridad sea castigada. De ser útil, a la Interministerial le aguarda un importante, y poco sorpresivo, caudal de denuncias semejantes.

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fuente http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-205903-2012-10-19.html