El gobierno cubano autorizó el acceso de la prensa extranjera a varias prisiones, dos autobuses repletos de periodistas visitamos cuatro centros penitenciarios. Las autoridades pretenden mostrar al mundo los resultados de un sistema de disminución de rigurosidad, que ha llevado a que la mitad de los presos gocen de un régimen abierto que les permite trabajar fuera y visitar a sus familias. Hay en Cuba 57 mil reclusos divididos en 5 prisiones de máxima seguridad, 40 normales y 155 centros abiertos. Uno de estos últimos es La Lima, cuyo director, el mayor Jorge Fonseca, dijo a Público que hoy la mitad de los reclusos se benefician de la menor rigurosidad pero el proyecto a nivel nacional es llegar a tener en los próximo años «al 70% de los internos en régimen abierto».

En el Combinado del Este se encuentran los presos más peligrosos de La Habana, a muchos de ellos ni siquiera se les permite trabajar. Este penal tiene la tasa de participación laboral más baja del país, solo el 27%, mientras la media nacional supera el 40%. Sin embargo, también allí existe un sistema que premia la buena conducta y la integración en los programas de reinserción que va abriendo puertas al trabajo, al estudio, al aprendizaje de un oficio e incluso a la reducción de condena y a la posibilidad de llegar a ser trasladado a un régimen más abierto.

Cuba cada vez va ofreciendo más beneficios a los presos como programas de inserción laboral, formación o visitas familiares

En la prisión hay escuelas para aprender oficios y se puede trabajar en un desguace de automóviles. El ingeniero Rafael Farsa nos explica que al penal «entran unos 25 vehículos cada semana, a los cuales les recuperamos piezas por un valor de un millón de dólares al año». Los presos ganan un salario de alrededor de 20 dólares mensuales pero hay incentivos más fuertes para trabajar. Entre ellos, se les aumenta las visitas conyugales, se reduce hasta en 4 meses por año la condena y se avanza hacia formas más abiertas de reclusión.

Al parecer este sistema de estímulos está reduciendo el nivel de violencia entre los reclusos. «Esto nunca va a ser un buen ambiente pero violencia no hay», nos confirma Daniel Acuña, un recluso de 25 años, acusado de robo con fuerza, al que encontramos jugando beisbol. Nos aclara que «tampoco hay violencia sexual». En la actualidad habría menos de 6 heridos por arma blanca al año, según explica el Jefe de sanidad penitenciaria, Dr. Mariano Izquierdo.

Añade que la incidencia del SIDA es menor porque los portadores están en un penal especial, evitando así la propagación del virus. Además se hacen pruebas anuales a todos los reclusos y se les proporciona el tratamiento de antiretrovirales a los 0 positivos. «A mí me dan todo lo que necesito para mi enfermedad, ahora me están estudiando para operarme de una mama», nos dice en el hospital Lianes Lamonth, quien fue diagnosticada como portadora al entrar a prisión y trasladada a un centro especial de San José, en las afueras de La Habana.

Los presos no se quejan tanto por las condiciones de las cárceles como por las largas esperas para un juicio o las duras condenas

Los reclusos no se quejan tanto de las condiciones de vida del Combinado pero varios de los que entrevistamos protestan por las largas esperas para el juicio y la dureza de las condenas. Las leyes de Cuba no ponen un tiempo límite para acusar formalmente a una persona. En la sala de espera Delia Enríquez cuenta a Público que su esposo lleva ya dos años preso sin condena, «lo acusan de receptación pero sigue a la espera de que el instructor presente cargos».

La misma visita no estuvo exenta de protestas, uno de los reclusos gritó que «aquí se violan todos los derechos de los presos, a mí que me manden para la base militar de Guantánamo, ahí donde están «los malos» pero no se tortura a nadie». Mientras que el colombiano Rafael Bustamente condenado por tráfico internacional de drogas y el italiano Simone Fini, acusado del asesinato de una adolecente cubana, gritaban desde sus celdas que eran inocentes y estaban «secuestrados por la dictadura».

Cuba abrió las puertas de 4 prisiones a la prensa extranjera para mostrar los resultados de un sistema de menor rigurosidad. RAQUEL PÉREZ

Los centros penitenciarios abiertos

Durante los últimos años han aumentado los centros penitenciarios abiertos de mínima seguridad, a los que se llega por méritos logrados a su paso por otros penales o porque el delito cometido es leve y el recluso no representa un peligro para la sociedad, explicó el Mayor Jorge Fonseca, jefe del centro de reclusión abierta de La Lima.

En ellos se concentran por ejemplo los reos por delitos económicos o de corrupción, tan comunes en estos días por la campaña de limpieza que impulsa el gobierno. En La Lima hay más de un centenar de presos que cumplen sentencia por delitos económicos. Jesús Quintero, de 60 años, nos confiesa que fue condenado «por malversar 250.000 dólares en una firma extranjera».

En estos centros el trabajo es externo, fundamentalmente trabajan en brigadas de construcción de viviendas y en limpieza de la ciudad. Van y vienen del trabajo sin escolta policial, la seguridad del penal es mínima y los presos pueden ir a visitar a su familia una vez al mes durante 72 horas pero si se fugan vuelven al penal cerrado.

Los recursos deben integrarse a los programas de trabajo y estudio con el fin de que al terminar la condena tengan un oficio con el que ganarse la vida. De todas formas todos los que son liberados salen con un puesto de trabajo en una empresa estatal, gracias a un acuerdo a nivel nacional. Además existe un «grupo multidisciplinario» que coordina acciones con la familia para que esta influya sobre el interno.

En 2007, cuando Raúl Castro asumió la presidencia, la política carcelaria empezó a cambiar. El gobierno impulsó la creación de decenas de estos centros penitenciarios abiertos en todo el país para trasladar a los presos no peligrosos a condiciones de menos rigor. En 2010 se ordenó la liberación de 250 prisioneros políticos, mediante un acuerdo con el gobierno español y la Iglesia Católica. Un año después se amnistiaron a 3.000 presos comunes y se anunció que cada año se repetiría la acción para aquellas personas que ya no representan un peligro de cara a la sociedad. Y finalmente se le perdonó la vida a todos los condenados a penas de muerte que estaban a la espera de ejecución.

 

http://www.publico.es/internacional/453455/cuba-abre-las-carceles-a-la-prensa